Francia

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Mayo 2013

De Francia solo visité París ya que nos alojamos en Disneyland una semana. Quizá por eso, si tuviera que elegir, París sería la ciudad a la que volvería para recorrer mucho mejor sus calles y poder sentarme simplemente a que me volviera a maravillar la inmensidad de la Torre Eiffel.

Sin duda, la ‘Tour Eiffel’ es un ejemplo de que no importa lo pobre que sea el material con el que algo se hace (no es oro, ni plata), para que esto sea perfecto, especial e inolvidable.

«Mirada, objeto, símbolo, la torre es todo lo que el hombre pone en ella y que todo es infinito. Espectáculo mirando y mirando, edificio inútil e irreemplazable, mundo familiar y símbolo heroico, testigo de un siglo y monumento siempre nuevo, objeto inimitable y sin cesar reproducido, es el signo puro, abierto a cada tiempo, a todas las imágenes y a todos los sentidos, la metáfora sin freno; a través de la torre, los hombres llevan esta gran función de la imaginación, que es su libertad, ya que ninguna historia, por muy sombría que sea, jamás pudo quitársela».

Roland Barthes, La Tour Eiffel, Editorial Delpire, 1964

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